Los trabajadores mal pagados se concentran de forma abrumadora en las "ocupaciones de servicios", que representan actualmente casi cuatro quintas partes de la economía estadounidense. Los peor pagados, en su mayoría mujeres, trabajan en "empleos relacionados con preparar y servir comida" y en el comercio minorista(4). Con la pérdida constante de empleos bien remunerados en el sector de la fabricación a favor de China y de otros países donde pagan salarios bajos, las personas cuyos puestos de trabajo desaparecen se ven obligadas a encontrar nuevos trabajos en puestos mal pagados del sector servicios donde podrían ganar incluso menos que el salario mínimo. El peor salario para ocupaciones como camarero en un restaurante se paga legalmente - prepárense - a 2,13 dólares la hora. Se supone que quienes sirven comidas deben sobrevivir a base de propinas. Los extranjeros que salen a comer en Estados Unidos no entienden esas bárbaras costumbres y suelen dejar poca calderilla, cuando lo apropiado sería el 20% de la cuenta. Los camareros se pelean por no tener que servir a extranjeros, especialmente británicos...*
Lo sé porque he leído el extraordinario libro de Barbara Ehrenreich, Nickel and Dimed (Vivir de propinas), en el que relata la vida de una mujer, ella misma, que vive atrapada en este tipo de trabajos. En su caso fue voluntario. Se trasladó desde Florida hasta Maine y Minnesota, y trabajó como camarera, doncella de hotel, mujer de limpieza, auxiliar en una maternidad y dependienta de Wal-Mart. Aprendió que hasta los empleos más modestos exigen un esfuerzo mental y físico agotadores y que un solo trabajo no es suficiente: si usted insiste en vivir bajo techo en lugar de en su coche o en la calle, necesitará por lo menos dos. Si viene de otra ciudad y no tiene familia a la que recurrir, nunca ahorrará suficiente dinero para pagar tres meses de alquiler por adelantado por una habitación o un apartamento, y tendrá que vivir en moteles. Incluso los más baratos son caros.
Ehrenreich, escritora profesional, hizo este trabajo como experimento social: tenía la educación y el estatus social para para huir una vez reunido el material y poseía las habilidades necesarias para contar la historia. Sobre todo, sabía que la situación era temporal y que podía salir de ahí en cualquier momento, por ejemplo, si caía enferma. La mayoría de las personas atrapadas en estos trabajos están atrapadas sin más y su situación no va a mejorar. Como señala Holly Sklar, quienes preparan y sirven comidas deben depender a menudo de bancos de alimentos para dar de comer a sus familias; los auxiliares sanitarios no pueden permitirse un seguro médico y quienes cuidan niños no pueden ahorrar lo suficiente para la educación de sus propios hijos(5).
La economía estadounidense desvía una riqueza cada vez mayor de los trabajadores a quienes ya tienen dinero, en lugar de satisfacer las necesidades de alimentos, cobijo, vestido, transporte, salud, educación, etc. de toda la población, con independencia de su nacimiento, raza y condición social. Para la mayoría de los estadounidenses, esto parece el orden natural de las cosas y es sorprendente observar que siguen conservando, en general, el optimismo y el sentido del humor. Aunque ya no puedo rastrear la referencia, recuerdo con nitidez una encuesta que mostraba que, en relación con su propia riqueza y condición social, el 19% de los estadounidenses encuestados consideraba que estaban entre el 1% de las personas de más renta. Otro 20% decía que no, que no estaba aún entre ese 1%, pero que lo estaría algún día.
(4). US Department of Labor, Bureau of Labor Statistics, www.bls.gov . Characteristics of Minimun Wage Workers 2005, Tablas 1-10.
*Para entender por qué las propinas, sobre todo en Estados Unidos, son una costumbre bárbara, véase el análisis económico, sociológico y ético de Daniele Archibugi "Tips and Democracy", Dissent, vol. 51, núm. 2, primavera de 2004, pp. 59-64, y su sitio web www.danielearchibui.org
(5). Holly Sklar, "Imagine a Country: Life in the new millennium", CrossCurrents [Z Magazine Online], mayo de 2003, vol. 16, núm. 5.
(El pensamiento secuestrado.- Susan George.- Barcelona: Icaria, 2007.- Traducción de Culture in Chains)