En
este momento, usted pensó arreglar todo por carta y aguardar el próximo viaje
mensual para verse con Cécile, en la reunión general de fin de año de los
directores de las sucursales extranjeras de la casa Scabelli, y sólo el
miércoles se precipitaron las cosas, sin duda porque era trece de noviembre y
por consiguiente su aniversario, el cuadragésimo quinto, porque Henriette, que
daba siempre importancia a esas irrisorias ceremonias familiares, le había
concedido ese año una importancia particular, a causa de sus sospechas aún más
justificadas de lo que ella misma cree, esperando retenerlo, envolverlo en esa
red de pequeños ritos, no por amor, hace ya mucho tiempo que todo eso había
terminado entre ustedes dos (y si hubo alguna vez una pasión juvenil, no tenía
nada que ver con ese sentimiento de liberación y encantamiento que le
procuraba Cécile), sino por el temor cada día mayor (ah, cómo envejecía) de que
se alterara en algo el orden al que estaba habituada, no por celos verdaderamente,
sino por la obsesión de que una imprudencia de parte de usted o una rencilla
violenta disminuyeran su tren de vida o el de los niños, cuando en realidad no
tendría nada que temer a ese respecto, porque jamás había confiado en usted, o
por lo menos desde hacía mucho tiempo, cosa que fue sin duda la causa de esa
separación que no hacía más que aumentar con el curso de los años, y que sus
éxitos en los negocios, ese triunfo indiscutible al cual tenía ella que
agradecer su hermoso departamento que tanto le gustaba, no la habían convencido
jamás, y aún antes de que tuviera verdaderos motivos de queja, usted sentía
cada vez más cómo ella le hacía reproches mudos, lo vigilaba.
Cuando
el miércoles entró usted en el comedor para almorzar (a través de la ventana
brillaba el admirable follaje del friso del Panteón iluminado por un rayo del
sol blanco de noviembre que se apagó rápidamente), cuando vio usted a sus
cuatro hijos de pie detrás de sus sillas, tiesos, burlones, cuando distinguió
sobre su rostro, sobre sus labios en sombra, esa sonrisa triunfante, usted tuvo
la impresión de que todos se habían puesto de acuerdo para tenderle una trampa,
que esos regalos sobre su plato eran un cebo, que esa comida había sido
cuidadosamente elegida para seducirlo (cómo no iba a conocer sus gustos
después de casi veinte años de vida en común), todo bien combinado para
demostrarle que de ahora en adelante usted era un hombre de edad, ordenado,
domado, cuando hacía tan poco tiempo que se le había abierto esa vida tan
distinta, esa vida que sólo podía vivir todavía algunos días en Roma, esa vida
de la cual ésta, la del departamento de París, no era más que la sombra, por
eso, aferrándose a la prudencia, a pesar de la irritación que sentía, usted se
dedicó a seguir el juego, logró mostrarse casi alegre, felicitándolos por la
elección, soplando a conciencia las cuarenta y cinco velitas, pero
completamente decidido a terminar lo antes posible con esa impostura que se
había hecho permanente, ese equívoco tan bien instalado. ¡Ya era hora!
Ahora
Cécile iba a venir a París y ustedes vivirían juntos. No habría divorcio, nada
de escándalos, de eso estaba bien seguro; todo sucedería muy tranquilamente, la
pobre Henriette se callaría, usted iría a ver a los niños una vez por semana
más o menos; y estaba seguro también no sólo del asentimiento de Cécile, sino
de su triunfante alegría, ella, que tantas bromas le había gastado sobre su
hipocresía burguesa.
(La modificación.- Michel
Butor.- Barcelona : Seix Barral, 1969.-
Traducción, Compañía General Fabril Editora.- Cubierta de Núria Pompeia)
Michel Butor murió el pasado miércoles 24 de agosto,
en Contamine-sur-Arve, Alta Saboya, a los 89 años de edad; en este
enlace, el INA (Institut National de
l'audiovisual), ofrece una entrevista con Butor, grabada en 1957, a propósito de esta
novela.
Núria Pompeia, autora de la cubierta de esta edición, murió en Barcelona cuatro meses después, el 25 de diciembre pasado, a los 85 años de edad. En este enlace y en este otro, personas que la conocieron reseñan su personalidad y su trabajo.
Núria Pompeia, autora de la cubierta de esta edición, murió en Barcelona cuatro meses después, el 25 de diciembre pasado, a los 85 años de edad. En este enlace y en este otro, personas que la conocieron reseñan su personalidad y su trabajo.



