miércoles, 13 de noviembre de 2013

Cocteau

20 [de agosto de 1914]
    Hay que dejar que nos convenzan, a pesar de todo, y aceptar que la utilidad no está solo en la línea de fuego; lo importante es que cada uno esté en su puesto. […]
    […] Anoche, abrumado, exasperado contra esta militarización del espíritu, antes de dormirme, saqué de la biblioteca de Élisabeth Sesame and Lilies del que leí casi todo el prefacio (nueva edición);115 tenía la sensación de estarme zambullendo en un agua clara, lavándome de todo el polvo y el calor de una excursión demasiado larga por un camino árido.
    Sin duda, para los que han sido movilizados, la indumentaria militar autoriza una mayor libertad de pensamiento. Nosotros, que no podemos vestir uniforme, lo que movilizamos es el espíritu. […]
    […] Jean Cocteau me había citado para un “té inglés” en la esquina de la calle Ponthieu y la avenida de Antin. No me ha agradado volver a verle, a pesar de su extrema simpatía; pero es incapaz de gravedad y todos sus pensamientos, sus frases ingeniosas, sus sensaciones, todo ese extraordinario brío de su charla habitual me resulta chocante, como un artículo de lujo exhibido en tiempo de hambruna y de luto. Va vestido casi de soldado, y el latigazo de los acontecimientos le da muy buena cara; no renuncia a nada, y simplemente da un toque marcial a su petulancia. Encuentra, para hablar de las carnicerías de Mulhouse, epítetos divertidos, mímicas; imita el sonido de la corneta, el sonido de los shrapnels [proyectiles]. Luego, cambiando de tema, pues ve que no divierte, dice estar triste; quiere estar triste con la misma clase de tristeza que uno, y de pronto se adapta al pensamiento de uno y se lo explica, luego habla de Blanche, después imita a madame Mühlfeld, después habla de esa señora, en la Cruz Roja, que gritaba por la escalera: “Me prometieron cincuenta heridos para esta mañana; quiero mis cincuenta heridos”. Mientras tanto aplasta un pedazo de tarta en su plato y lo degusta a bocaditos; su voz tiene brillos, inflexiones; ríe, se encorva y se inclina hacia uno y le toca. Lo extraño es que creo que sería un buen soldado. Él lo afirma; y que sería valiente. Tiene la despreocupación del golfillo; con él, más que con nadie, me siento torpe, pesado, apático.
 115 Se trata de Élisabeth Van Rysselberghe (1890-1980), que tenía entonces veinticuatro años y que sería la madre de la única hija de Gide, Catherine. Sesame and Lilies (Sésamo y Lirios) es un volumen de conferencias del escritor inglés John Ruskin (1819-1900)
 (Diario.- André Gide.- Barcelona: Alba Editorial, 2013.- Selección, traducción y prólogo de Laura Freixas)