el joven sirio. — ¡Qué bella
está la Princesa Salomé
esta noche!
el paje de herodías. — Estás
siempre mirándola. La miras demasiado. No se debe mirar a las personas de esa
manera. Puede suceder una desgracia.
el joven sirio. — Está bellísima
esta noche.
soldado primero. — El Tetrarca
tiene aspecto sombrío
soldado segundo. — Sí, tiene
aspecto sombrío
soldado primero. — Está mirando
algo
soldado segundo. — Mira a
alguien
soldado primero. — ¿A quién
mira?
soldado segundo. — No lo sé
el joven sirio. — ¡Qué pálida
está la princesa! Nunca la vi tan pálida. Parece el reflejo de una rosa blanca
en un espejo de plata
el paje de herodías. — No debes
mirarla, la miras demasiado
soldado primero. — Herodías ha
llenado la copa del Tetrarca
el capadocio. — ¿La Reina Herodías es
aquella que lleva la mitra negra cuajada de perlas y los cabellos empolvados de
azul?
soldado primero. — Sí, es
Herodías, la esposa del Tetrarca
soldado segundo. — El Tetrarca
es muy aficionado al vino. Tiene vino de tres clases. Uno que viene de la Isla de Samotracia y que es
de color de púrpura, como el manto de César
el capadocio. — Yo no he visto
nunca a César
soldado segundo. — Otro que
viene de la ciudad de Chipre y que es amarillo como el oro
el capadocio. — Me gusta mucho
el oro
soldado segundo. — Y el tercero
es un vino siciliano. Ese vino es rojo como la sangre
el nubio. — A los Dioses de mi
país les gusta mucho la sangre. Dos veces al año les sacrificamos mancebos y
doncellas: cincuenta mancebos y cien doncellas. Pero parece que nunca les damos
bastante, porque son muy duros con nosotros
(Salomé.-
Oscar Wilde.- Madrid: Editorial Mayfe, 1953.- traducción de Manuel Conde López)
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