sábado, 26 de enero de 2013

Sacrificio

         el joven sirio. — ¡Qué bella está la Princesa Salomé esta noche!
        el paje de herodías. — Estás siempre mirándola. La miras demasiado. No se debe mirar a las personas de esa manera. Puede suceder una desgracia.
         el joven sirio. — Está bellísima esta noche.
         soldado primero. — El Tetrarca tiene aspecto sombrío
         soldado segundo. — Sí, tiene aspecto sombrío
         soldado primero. — Está mirando algo
         soldado segundo. — Mira a alguien
         soldado primero. — ¿A quién mira?
         soldado segundo. — No lo sé
        el joven sirio. — ¡Qué pálida está la princesa! Nunca la vi tan pálida. Parece el reflejo de una rosa blanca en un espejo de plata
         el paje de herodías. — No debes mirarla, la miras demasiado
         soldado primero. — Herodías ha llenado la copa del Tetrarca
         el capadocio. — ¿La Reina Herodías es aquella que lleva la mitra negra cuajada de perlas y los cabellos empolvados de azul?
         soldado primero. — Sí, es Herodías, la esposa del Tetrarca
        soldado segundo. — El Tetrarca es muy aficionado al vino. Tiene vino de tres clases. Uno que viene de la Isla de Samotracia y que es de color de púrpura, como el manto de César
         el capadocio. — Yo no he visto nunca a César
         soldado segundo. — Otro que viene de la ciudad de Chipre y que es amarillo como el oro
         el capadocio. — Me gusta mucho el oro
         soldado segundo. — Y el tercero es un vino siciliano. Ese vino es rojo como la sangre
         el nubio. — A los Dioses de mi país les gusta mucho la sangre. Dos veces al año les sacrificamos mancebos y doncellas: cincuenta mancebos y cien doncellas. Pero parece que nunca les damos bastante, porque son muy duros con nosotros

(Salomé.- Oscar Wilde.- Madrid: Editorial Mayfe, 1953.- traducción de Manuel Conde López)


No hay comentarios :

Publicar un comentario