A largo de
todo el año 1989-1990, la grave crisis que atraviesa Venezuela desde el famoso
Caracazo proseguía. Las profundas causas de los motines de Caracas, que el
presidente Carlos Andrés Pérez analizó como “una rebelión de los pobres contra
los ricos”, aún no han desaparecido. El índice de población que se halla por
debajo del umbral más extremo de pobreza pasó de un 15% a finales de 1988 a un 41% a finales de
1989; el del desempleo de 7 a
10% y la inflación de 40 a
81%. La delincuencia además se ha ido agravando, igual que el tráfico de
drogas, mientras que la corrupción aparece como una enfermedad incurable. Los
escándalos en los que están implicados los ministros y altos funcionarios de la
administración se multiplicaron y la musa del antiguo presidente fue expulsada
del partido en el poder, la Acción Democrática. Las investigaciones
judiciales se han visto a menudo bloqueadas, mientras la agitación ha
proseguido: huelga de policías, manifestaciones de estudiantes, violencias,
saqueos y un clima de nerviosismo.
El Jefe del
Estado ha mantenido su programa de austeridad a pesar de denunciar el
“totalitarismo económico” del FMI y remodelar su gobierno (en agosto de 1989 y
marzo de 1990). Así liberó los precios de la mitad de los productos, se
enfrentó al monopolio de los importadores y rebajó los derechos de aduana. Muy
pragmático, y rodeándose de consejeros surgidos de los medios de negocios, C.A.
Pérez manifestaba su deseo de incentivar las inversiones exteriores. A
comienzos de 1990, anunció apertura limitada del sector petrolífero nacionalizado
hacia las compañías internacionales. Los salarios más bajos se han elevado en
un 30% a finales de 1989, mientras se firmaba un acuerdo de reducción de la
deuda externa, en el marco del plan Brady (marzo del 1990), con los bancos
privados acreedores, mediante el pago de 800 millones de dólares, impagados
desde la moratoria de diciembre de 1988.
En diciembre
de 1989, tras las reformas emprendidas, se llevaron a cabo las primeras
elecciones de gobernadores y alcaldes por sufragio universal. La abstención
alcanzó un 70% y los candidatos victoriosos fueron a menudo los que denunciaban
las malversaciones de los gestores anteriores designados por los partidos. La
oposición democristiana y socialista subió algunos puntos y muchas ciudades
importantes cambiarían de alcalde, aunque la Acción Democrática
ganara en la capital.
En el
exterior, la creación, en agosto de 1989, de un Consejo especial de cooperación
con el CARICOM (Mercado Común del Caribe Anglófono) mostraba un giro en el
acercamiento a los no alineados (el 1 de septiembre de 1989), presentándose
además la candidatura al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio).
Venezuela firmó acuerdos con Colombia (en relación con la integración y la
lucha antidroga), y también con Trinidad y Tobago (preferencia en comercial mutua y delimitación fronteriza)
participando además en la fuerza de paz de la ONU en Centroamérica. Por otra parte, se buscó
una solución pacífica en el conflicto territorial con la Guayana. Reelegido
presidente de la
Internacional Socialista en junio de 1989, C .A. Pérez recibiría
ese año visitas de Mitterrand y de Felipe González, y si bien se negó a recibir
al vicepresidente de los EE.UU., “para evitar manifestaciones
antinorteamericanas tras la invasión de Panamá” (diciembre de 1989), llevó a
cabo, no obstante, un acercamiento con Washington, mostrándose para algunos el
interlocutor privilegiado de George Bush en América latina
(El Estado del
Mundo 1991.- Anuario económico y geopolítico mundial.- Madrid: Akal, 1991.-
Capítulo dedicado a Venezuela.- Daniel Van Eeuwen.-)
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