sábado, 2 de agosto de 2014

Interlocutor privilegiado

    A largo de todo el año 1989-1990, la grave crisis que atraviesa Venezuela desde el famoso Caracazo proseguía. Las profundas causas de los motines de Caracas, que el presidente Carlos Andrés Pérez analizó como “una rebelión de los pobres contra los ricos”, aún no han desaparecido. El índice de población que se halla por debajo del umbral más extremo de pobreza pasó de un 15% a finales de 1988 a un 41% a finales de 1989; el del desempleo de 7 a 10% y la inflación de 40 a 81%. La delincuencia además se ha ido agravando, igual que el tráfico de drogas, mientras que la corrupción aparece como una enfermedad incurable. Los escándalos en los que están implicados los ministros y altos funcionarios de la administración se multiplicaron y la musa del antiguo presidente fue expulsada del partido en el poder, la Acción Democrática. Las investigaciones judiciales se han visto a menudo bloqueadas, mientras la agitación ha proseguido: huelga de policías, manifestaciones de estudiantes, violencias, saqueos y un clima de nerviosismo.
    El Jefe del Estado ha mantenido su programa de austeridad a pesar de denunciar el “totalitarismo económico” del FMI y remodelar su gobierno (en agosto de 1989 y marzo de 1990). Así liberó los precios de la mitad de los productos, se enfrentó al monopolio de los importadores y rebajó los derechos de aduana. Muy pragmático, y rodeándose de consejeros surgidos de los medios de negocios, C.A. Pérez manifestaba su deseo de incentivar las inversiones exteriores. A comienzos de 1990, anunció apertura limitada del sector petrolífero nacionalizado hacia las compañías internacionales. Los salarios más bajos se han elevado en un 30% a finales de 1989, mientras se firmaba un acuerdo de reducción de la deuda externa, en el marco del plan Brady (marzo del 1990), con los bancos privados acreedores, mediante el pago de 800 millones de dólares, impagados desde la moratoria de diciembre de 1988.
    En diciembre de 1989, tras las reformas emprendidas, se llevaron a cabo las primeras elecciones de gobernadores y alcaldes por sufragio universal. La abstención alcanzó un 70% y los candidatos victoriosos fueron a menudo los que denunciaban las malversaciones de los gestores anteriores designados por los partidos. La oposición democristiana y socialista subió algunos puntos y muchas ciudades importantes cambiarían de alcalde, aunque la Acción Democrática ganara en la capital.
    En el exterior, la creación, en agosto de 1989, de un Consejo especial de cooperación con el CARICOM (Mercado Común del Caribe Anglófono) mostraba un giro en el acercamiento a los no alineados (el 1 de septiembre de 1989), presentándose además la candidatura al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio). Venezuela firmó acuerdos con Colombia (en relación con la integración y la lucha antidroga), y también con Trinidad y Tobago (preferencia  en comercial mutua y delimitación fronteriza) participando además en la fuerza de paz de la ONU en Centroamérica. Por otra parte, se buscó una solución pacífica en el conflicto territorial con la Guayana. Reelegido presidente de la Internacional Socialista en junio de 1989, C.A. Pérez recibiría ese año visitas de Mitterrand y de Felipe González, y si bien se negó a recibir al vicepresidente de los EE.UU., “para evitar manifestaciones antinorteamericanas tras la invasión de Panamá” (diciembre de 1989), llevó a cabo, no obstante, un acercamiento con Washington, mostrándose para algunos el interlocutor privilegiado de George Bush en América latina

    (El Estado del Mundo 1991.- Anuario económico y geopolítico mundial.- Madrid: Akal, 1991.- Capítulo dedicado a Venezuela.- Daniel Van Eeuwen.-) 

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