domingo, 14 de septiembre de 2014

Para cada familia, una casa

    Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquél?; Ya había supermercados pero no televisión, radio tan sólo: Las aventuras de Carlos Lacroix, Tarzán, El Llanero Solitario, La Legión de los Madrugadores, Los Niños Catedráticos, Leyendas de las calles de México, Panseco, El Doctor I.Q., La Doctora Corazón desde su Clínica de Almas. Paco Malgesto narraba las corridas de toros, Carlos Albert era el cronista de futbol, el Mago Septién trasmitía el beisbol. Circulaban los primeros coches producidos después de la guerra: Packard, Cadillac, Buick, Chrysler, Mercury, Hudson, Pontiac, Dodge, Plymouth, De Soto. Íbamos a ver películas de Errol Flynn y Tyrone Power, a matinés con una de episodios completa: La invasión de Mongo era mi predilecta. Estaban de moda Sin ti, La rondalla, La burrita, La múcura, Amorcito Corazón. Volvía a sonar en todas partes un antiguo bolero puertorriqueño: Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti. 
    Fue el año de la poliomielitis: escuelas llenas de niños con aparatos ortopédicos; de la fiebre aftosa: en todo el país fusilaban por decenas de miles reses enfermas; de las inundaciones: el centro de la ciudad se convertía otra vez en laguna, la gente iba por las calles en lancha. Dicen que con la próxima tormenta estallará el Canal del Desagüe y anegará la capital. Qué importa, contestaba mi hermano, si bajo el régimen de Miguel Alemán ya vivimos hundidos en la mierda. 
    La cara del Señorpresidente en dondequiera: dibujos inmensos, retratos idealizados, fotos ubicuas, alegorías del progreso con Miguel Alemán como Dios Padre, caricaturas laudatorias, monumentos. Adulación pública, insaciable maledicencia privada. Escribíamos mil veces en el cuaderno de castigos: Debo ser obediente, debo ser obediente, debo ser obediente con mis padres y con mis maestros. Nos enseñaban historia patria, lengua nacional, geografía del DF: los ríos (aún quedaban ríos), las montañas (se veían las montañas). Era el mundo antiguo. Los mayores se quejaban de la inflación, los cambios, el tránsito, la inmoralidad, el ruido, la delincuencia, el exceso de gente, la mendicidad, los extranjeros, la corrupción, el enriquecimiento sin límite de unos cuantos y la miseria de casi todos.
    Decían los periódicos: El mundo atraviesa por un momento angustioso. El espectro de la guerra final se proyecta en el horizonte. El símbolo sombrío de nuestro tiempo es el hongo atómico. Sin embargo había esperanza. Nuestros libros de texto afirmaban: Visto en el mapa México tiene forma de cornucopia o cuerno de la abundancia. Para el impensable año dos mil se auguraba -sin especificar cómo íbamos a lograrlo- un porvenir de plenitud y bienestar universales. Ciudades limpias, sin injusticia, sin pobres, sin violencia, sin congestiones, sin basura. Para cada familia una casa ultramoderna y aerodinámica (palabras de la época). A nadie le faltaría nada. Las máquinas harían todo el trabajo. Calles repletas de árboles y fuentes, cruzadas por vehículos sin humo ni estruendo ni posibilidad de colisiones. El paraíso en la tierra. La utopía al fin conquistada.
(Las batallas en el desierto.- José Emilio Pacheco.- México : Era, 1981)

domingo, 7 de septiembre de 2014

Canto del andén I

JUEZ
Señor testigo,
usted era el jefe de la estación
a la que llegaban los transportes.
¿Qué distancia había entre la estación y el campo?

TESTIGO 1
2 Km. hasta la parte situada en el viejo cuartel
y unos 5 Km. hasta el campo principal.

JUEZ
¿Tenía usted algún trabajo en los campos?

TESTIGO 1
No.
Solo tenía que cuidar
del buen estado de las vías
y de que los trenes llegaran
y partieran conforme al horario.

JUEZ
¿En qué estado se encontraban las vías?

TESTIGO 1
Se trataba de una línea
excelente y muy bien instalada.

JUEZ
¿Elaboraba usted los horarios
y las instrucciones pertinentes?

TESTIGO 1
No.
Solo tenía que tomar medidas
técnicas en relación con el horario
de tráfico entre la estación y el campo.

JUEZ
Obran en poder del tribunal instrucciones referentes
a los horarios firmadas por usted.

TESTIGO 1
Quizá en alguna ocasión tuviera que firmar
en representación de tercero.

JUEZ
¿Conocía usted la finalidad de los transportes?

TESTIGO 1
No estaba al corriente del asunto.

JUEZ
Pero usted sabía
que los trenes iban cargados de hombres.

TESTIGO 1
Solo pudimos enterarnos
de que se trataba de traslados
llevados a cabo bajo la garantía del Reich.

JUEZ
¿Jamás se hizo usted preguntas
sobre los trenes que regularmente
regresaban vacíos del campo?

TESTIGO 1
Los hombres transportados
habían obtenido allí nuevo alojamiento.

ACUSADOR
Señor testigo,
usted ocupa hoy un puesto directivo
en la Jefatura de la Red Federal de Ferrocarriles.
Cabe, pues, suponer
su pericia en cuestiones
de equipamiento y carga de trenes.
¿Qué tal iban equipados y cargados
los trenes que llegaban hasta usted?

TESTIGO 1
Se trataba de trenes cargueros.
Según talón se transportaban
unas 60 personas por vagón.

ACUSADOR
¿Eran vagones de mercancía
o vagones para el ganado?

TESTIGO 1
Eran vagones
similares a los que también se utilizaban para el transporte de
ganado.

ACUSADOR
¿Había instalaciones sanitarias
en los vagones?

TESTIGO 1
Lo ignoro.

ACUSADOR
¿Con qué frecuencia llegaban estos trenes?

TESTIGO 1
No puedo decirlo.

ACUSADOR
¿Llegaban con frecuencia?

TESTIGO 1
Sí, desde luego.
Era una estación-término de mucho tráfico.

ACUSADOR
¿No le extrañaba a usted
el que los transportes
procedieran de casi todos los países de Europa?

TESTIGO 1
Teníamos tanto trabajo
que no podíamos ocuparnos de esos asuntos.

ACUSADOR
¿No se preguntaba usted
por el futuro
de los hombres transportados?

TESTIGO 1
Eran enviados
a ejecutar trabajos diversos.

ACUSADOR
Pero no iban solo gentes aptas para el trabajo,
sino familias enteras
con viejos y niños.

TESTIGO 1
No tenía tiempo
para preocuparme del contenido de los trenes.

ACUSADOR
¿Dónde vivía usted?

TESTIGO 1
En la localidad.

ACUSADOR
¿Quién más vivía allí?

TESTIGO 1
La localidad había sido evacuada
por la población nativa.
Vivían allí los funcionarios del campo
y el personal de las industrias circundantes.

ACUSADOR
¿De qué industrias se trataba?

TESTIGO 1
Eran factorías
de la IG Farben,
de las fábricas Krupp y Siemens.

ACUSADOR
¿Veía usted a los presos
que trabajaban allí?

TESTIGO 1
Los veía al llegar y al partir.

ACUSADOR
¿Qué aspecto ofrecían esos grupos?


TESTIGO 1
Iban marcando el paso y cantaban.

ACUSADOR
¿No llegó usted a saber nada
sobre las condiciones del campo?

TESTIGO 1
Se decían tantas tonterías
que uno no sabía nunca a qué atenerse.

ACUSADOR
¿No oía usted hablar de la aniquilación de seres humanos?


TESTIGO 1
¡Cómo creer algo de todo eso!

JUEZ
Señor testigo, usted era responsable de la expedición de mercancías.

TESTIGO 2
Mi única tarea era entregar los trenes al personal de maniobras.

JUEZ
¿Cuáles eran los deberes de este personal?

TESTIGO 2
Enganchaban una locomotora para maniobrar y expedían los trenes al campo.

JUEZ
¿Cuántos hombres había,
según sus cálculos,
en cada vagón?

TESTIGO 2
No puedo informar sobre ello.
Nos estaba terminantemente prohibido
controlar los trenes.

JUEZ
¿Quién se lo impedía?

TESTIGO 2
Las brigadas de vigilancia.

JUEZ
¿Había un talón por cada transporte?

TESTIGO 2
En la mayoría de los casos
carecíamos de documentación adecuada.
Se indicaba, únicamente, la cantidad
con tiza en los vagones.

JUEZ
¿Qué cantidades se indicaban?

TESTIGO 2
Unas veces 60 unidades, otras 80.

JUEZ
¿Cuándo llegaban los trenes?

TESTIGO 2
Generalmente, de noche.

ACUSADOR
¿Qué impresión le causaban
tales cargamentos?

TESTIGO 2
No entiendo la pregunta.

ACUSADOR
Señor testigo,
usted es hoy inspector general
de la Red Federal de Ferrocarriles,
su experiencia en cuestiones de viajes es, pues, grande;
mirando a través de los respiraderos,
o por los ruidos que se oirían en los vagones,
¿no se preocupó usted por las condiciones aquéllas?

TESTIGO 2
En una ocasión vi una mujer
que sostenía un niño junto a un respiradero
y que una y otra vez pedía agua a gritos.
Fui a buscar una jarra
e intenté alargársela.
Al levantarla llegó un vigilante
y dijo
que si no me apartaba inmediatamente
sería fusilado.

JUEZ
Señor testigo,
¿cuántos trenes, según sus cálculos,
llegaban a la estación?

TESTIGO 2
Un término medio de tren por día.
En casos punta, incluso 2 ó 3.

JUEZ
¿De qué longitud eran los trenes?

TESTIGO 2
Podían llevar hasta unos 60 vagones.

JUEZ
Señor testigo,
¿estuvo usted en el campo?

TESTIGO 2
Una vez fui con la locomotora de maniobras
ya que tenía que discutir algo
referente al talón de expedición.
Bajé al lado mismo de la puerta de entrada
y fui a las oficinas del campo.
Luego casi no pude salir,
por carecer de carnet.

JUEZ
¿Qué vio usted del campo?

TESTIGO 2
Nada.
Me sentí contento al marchar de allí.

JUEZ
¿Vio usted las chimeneas al final de la rampa y el humo y el reflejo del fuego?

TESTIGO 2
  Sí,
vi el humo.

JUEZ
¿Y qué pensó usted de todo ello?

TESTIGO 2
Creí
que eran los hornos para el pan.
Había oído decir
que allí se amasaba día y noche.
Era un campo muy grande.

(La indagación: oratorio en 11 cantos.- Peter Weiss.- Barcelona: Grijalbo, 1968.- Traducción de Ernst-Edmund Keil y Jacobo Muñoz. El Canto del andén completo está en este enlace)

sábado, 6 de septiembre de 2014

Las opciones políticas no son inamovibles

Sobre su escritorio, un bicornio negro orlado con una cinta azul, blanca y roja. En el bolsillo de su chaqueta, un smartphone que suena al ritmo de Isn't she lovely, el éxito de Stevie Wonder. "Ah! ah! ¿No es encantador, el crecimiento? ¿No es hermoso, el crecimiento?". Esta tarde del viernes, 22 de agosto, Arnaud Montebourg , jovial y combativo a un tiempo, recibe a Le Monde en su despacho de Bercy. En la antevíspera de su tradicional Fiesta de la Rosa, de Frangy-en-Bresse (Saône-et-Loire), donde ha invitado a Benoît Hamon, su colega de Educación, el ministro de Economía ha decidido actuar con energía
Ciertamente, el centro de su propuesta no es nuevo y hace años que el Sr. Montebourg denuncia el dogma de la ortodoxia presupuestaria. Pero ahora es ministro de Economía, y su condena de las políticas desarrolladas en la zona euro - Francia incluida, subraya él- plantea inevitablemente un asunto político mayor: el de su futuro en un ejecutivo cuyas dos cabezas, François Hollande y Manuel Valls, repiten con insistencia que no admiten un cambio de rumbo.
Por ahora, Arnaud Montebourg, que no olvida mostrarse prudente a pesar de su aire bravucón, tiene buen cuidado de no atacar frontalmente a estos dos hombres. Pero, ¿por cuánto tiempo? Ahí queda la pregunta.

Los últimos indicadores económicos son muy inquietantes, el crecimiento es nulo, el paro aumenta. ¿Qué hacer?
La honestidad obliga a decir que nuestro crecimiento es nulo, que el de nuestros vecinos es negativo y que existe un grave riesgo deflacionista en la zona euro. Hoy, todos los economistas serios lo dicen: la recesión amenaza a Europa mientras que el crecimiento sube en el resto del mundo. Hay que dar prioridad a la salida de la crisis y situar en segundo plano la reducción dogmática del déficit, que nos conduce a la austeridad y al aumento continuo del paro.

En abril de 2013, en Le Monde, decía que esta política conducía al "desastre". ¿Estamos en él?
No me agrada el papel de adivino. Mis declaraciones de abril de 2013 eran fundadas y permanecen vigentes. Hay que provocar un electrochoque en la zona euro. En un contexto de reactivación, el único islote kafkiano es la zona euro, en la que los líderes de los países miembros se obstinan en desarrollar políticas que bloquean el crecimiento e impiden bajar el paro.

Sobre la reducción del déficit, el Sr. Hollande dice que hay que ajustar el ritmo. ¿Es suficiente el ajuste?
El paso que el presidente de la República ha hecho es útil. Ahora hay que extraer las consecuencias en términos presupuestarios. Hoy, la reducción del déficit a marchas forzadas supone una aberración económica, en tanto agrava el paro, una absurdidad financiera, en la medida en que hace imposible el restablecimiento de las cuentas públicas, y una política siniestra, porque echa a los europeos en brazos de los partidos extremistas, que quieren destruir Europa. Lo he dicho ante el Consejo de Ministros, he hablado a menudo de ello con mi colega de Hacienda, lo diré hasta que me quede sin aliento: Europa está entrando en un callejón sin salida debido a decisiones de política económica que se asemejan a un accidente industrial excepcional en la historia económica contemporánea. 

¿Se ha hecho demasiado en Europa, especialmente en Francia desde hace dos años, en materia de contracción presupuestaria?
No es mi evaluación, es el diagnóstico planteado por las instituciones financieras del mundo entero, empezando por el FMI que, en voz de su directora, Christine Lagarde, pone en guardia a los dirigentes europeos contra un exceso de consolidación presupuestaria. Paul Krugman, Premio Nobel de economía, ha declarado de nuevo el 13 de agosto: "El escenario de pesadilla en Europa no es hipotético. La noticia de la caída de la producción industrial hace temer una nueva entrada en recesión en Europa; la primera razón es la austeridad". Estas alertas son lanzadas igualmente por los dirigentes de las grandes potencias mundiales, como Barack Obama. 

Pero ¿no es esto lo que hace el gobierno al que usted pertenece?
No excluyo a Francia de este examen. Por esta razón me erijo en portavoz de los numerosos actores que llaman a hacer evolucionar nuestros planteamientos políticos en la zona euro. Hoy, desgraciadamente, los halcones de la inflación, que combaten la inflación cuando estaba desapareciendo, olvidándose de combatir lo esencial, el paro masivo, están sobrerrepresentados en el Banco Central Europeo.
El BCE debe cambiar de enfoque y ponerse a hacer lo que hacen todos los bancos centrales del mundo, especialmente de los países que han sabido reanudar el crecimiento, a saber, recomprar deuda pública. Tenemos dos problemas: la política presupuestaria europea, con la acumulación de planes de austeridad en todos los países de la Unión, y la política monetaria, excesivamente encorsetada. Las lecciones de los años 30 deberían hacernos comprender que es el paro el que provoca el endurecimiento de las sociedades europeas y una escalada de la violencia.

El gobierno se ha comprometido a ahorrar 50000 millones de euros en tres años. Algunos economistas consideran que es demasiado. ¿Qué piensa usted?
Si debemos ahorrar, parte de ese ahorro debe ser reintegrado a los franceses para compensar el efecto recesivo que pudiera provocar. Por mi parte, defiendo la regla de los "tres tercios". He dirigido una propuesta en este sentido al primer ministro y al presidente de la República. Un primer tercio de este ahorro debe servir para reducir el déficit, porque estamos comprometidos con el rigor presupuestario. Un segundo tercio ya se destina al apoyo a las empresas, que es necesario mantener. El último tercio, finalmente, debe dedicarse a las familias, para estimular su poder de compra y el crecimiento. Por otra parte, sería muy bueno que todos los países europeos hiciesen lo mismo, como ha empezado a hacer ya Matteo Renzi en Italia. 

Los señores Hollande y Valls no parecen compartir su punto de vista...
De momento, hago propuestas. Deseo que en el seno del gobierno y de la mayoría podamos hacerlas progresar.

Estamos lejos aún...
El descanso es siempre el momento de la revisión táctica y estratégica. El debate tendrá que progresar.

¿En Francia, el problema no es, pues, solo de oferta sino también de demanda?
El problema es doble y debemos tratar los dos al mismo tiempo. Se ha ayudado a las empresas, es urgente ayudar a los hogares. Podríamos por ejemplo, tratar de intensificar la bajada de impuestos a las clases medias y populares.

¿Qué hay que hacer con Alemania?
Hay que elevar el tono. Alemania está presa en la trampa de la austeridad que ha impuesto a toda Europa. Cuando digo Alemania, hablo de la derecha alemana que apoya a Angela Merkel. Francia no tiene vocación de alinearse con los axiomas ideológicos de la derecha alemana. Tengo que agradecer a Sigmar Gabriel, mi homólogo socialista en Economía, que empuja en el mismo sentido que nosotros. 
No podemos dejarnos llevar. Si debíamos alinearnos con la ortodoxia más extremista de la derecha alemana, esto supondría que el voto de los franceses no tiene ninguna legitimidad y que las alternancias ya no cuentan. Significaría que incluso cuando los franceses votasen por la izquierda, en realidad estarían votando por la aplicación del programa de la derecha alemana. No podemos aceptarlo.

¿Es esto lo que sucede?
Es una de las razones por las que asistimos a un impulso del Frente Nacional., con el riesgo de que los franceses se alejen de Europa. Debemos aportar soluciones alternativas.

A las que mantiene el gobierno al que usted pertenece...
Por el momento, el debate está abierto, ya que la ley presupuestaria será presentada en septiembre. Este debate está basado en un  diagnóstico de las dificultades prolongadas de la crisis francesa y europea. (...) La independencia de criterio se fundamenta en extraer consecuencias de ello. Estas ideas abren camino.

¿Considera usted abandonar el gobierno si no obtiene satisfacción sobre estos planteamientos?
No me sitúo en esta hipótesis. Desde hace dos años, incansablemente, mi trabajo es el de convencer. No siempre lo consigo. Pero estoy en mi puesto de combate para hacer evolucionar las políticas que merecen ser cambiadas. Las opciones políticas no son inamovibles.

¿Incluso un cambio de rumbo?
Creo que lo he expresado bastante claro. Siempre hay una alternativa.

Usted defendió la nominación de M. Valls a Matignon. ¿Tienen la misma visión de la situación política y económica?
Yo discuto mucho con Manuel Valls. Defiendo mi causa sin descanso, en el entorno de Valls y su equipo. Nuestros informes son amistosos y muy francos. Después, es él quien decide; él es el primer ministro.

Ha invitado usted a Frangy-en-Bresse (Saòne-et-Loire), el domingo, a los que se ha dado en llamar los "frondeurs" del Partido Socialista...
He invitado a todos los diputados socialistas, como todos los años. No poseo una lista actualizada de "frondeurs". Yo debato con la mayoría, toda la mayoría.

Los que plantean en el Partido Socialista cuestiones como las que plantea usted, ¿pueden ser calificados de "irresponsables", como hace el primer ministro?
En la Constitución, el Parlamento tiene la responsabilidad de controlar la acción del gobierno, y no a la inversa. . Cada uno ejerce sus responsabilidades. Los diputados asumen las suyas. El primer ministro es un republicano convencido que conoce la importancia del debate en una democracia.

¿Hay un riesgo de convulsión en la sociedad francesa?
La sociedad está exasperada. Hay que escucharla. Oírla y responder a sus demandas. Muchos parlamentarios lo sienten. Es buen momento para reaccionar.

(Les choix politiques ne sont pas figés. Entrevista de Le Monde a Arnaud Montebourg, ministro de Economía del gobierno socialista francés. Publicada  el 25 de agosto de 2014. Montebourg y dos ministros más fueron cesados un día después. En España, en el editorial publicado el 27 de agosto, el diario El País calificaba a Montebourg y sus colegas como "populistas infiltrados en un partido convencional". )