Sobre su escritorio, un bicornio negro orlado con una cinta azul, blanca y roja. En el bolsillo de su chaqueta, un smartphone que suena al ritmo de Isn't she lovely, el éxito de Stevie Wonder. "Ah! ah! ¿No es encantador, el crecimiento? ¿No es hermoso, el crecimiento?". Esta tarde del viernes, 22 de agosto, Arnaud Montebourg , jovial y combativo a un tiempo, recibe a Le Monde en su despacho de Bercy. En la antevíspera de su tradicional Fiesta de la Rosa, de Frangy-en-Bresse (Saône-et-Loire), donde ha invitado a Benoît Hamon, su colega de Educación, el ministro de Economía ha decidido actuar con energía
Ciertamente, el centro de su propuesta no es nuevo y hace años que el Sr. Montebourg denuncia el dogma de la ortodoxia presupuestaria. Pero ahora es ministro de Economía, y su condena de las políticas desarrolladas en la zona euro - Francia incluida, subraya él- plantea inevitablemente un asunto político mayor: el de su futuro en un ejecutivo cuyas dos cabezas, François Hollande y Manuel Valls, repiten con insistencia que no admiten un cambio de rumbo.
Por ahora, Arnaud Montebourg, que no olvida mostrarse prudente a pesar de su aire bravucón, tiene buen cuidado de no atacar frontalmente a estos dos hombres. Pero, ¿por cuánto tiempo? Ahí queda la pregunta.
Los últimos indicadores económicos son muy inquietantes, el crecimiento es nulo, el paro aumenta. ¿Qué hacer?
La honestidad obliga a decir que nuestro crecimiento es nulo, que el de nuestros vecinos es negativo y que existe un grave riesgo deflacionista en la zona euro. Hoy, todos los economistas serios lo dicen: la recesión amenaza a Europa mientras que el crecimiento sube en el resto del mundo. Hay que dar prioridad a la salida de la crisis y situar en segundo plano la reducción dogmática del déficit, que nos conduce a la austeridad y al aumento continuo del paro.
En abril de 2013, en Le Monde, decía que esta política conducía al "desastre". ¿Estamos en él?
No me agrada el papel de adivino. Mis declaraciones de abril de 2013 eran fundadas y permanecen vigentes. Hay que provocar un electrochoque en la zona euro. En un contexto de reactivación, el único islote kafkiano es la zona euro, en la que los líderes de los países miembros se obstinan en desarrollar políticas que bloquean el crecimiento e impiden bajar el paro.
Sobre la reducción del déficit, el Sr. Hollande dice que hay que ajustar el ritmo. ¿Es suficiente el ajuste?
El paso que el presidente de la República ha hecho es útil. Ahora hay que extraer las consecuencias en términos presupuestarios. Hoy, la reducción del déficit a marchas forzadas supone una aberración económica, en tanto agrava el paro, una absurdidad financiera, en la medida en que hace imposible el restablecimiento de las cuentas públicas, y una política siniestra, porque echa a los europeos en brazos de los partidos extremistas, que quieren destruir Europa. Lo he dicho ante el Consejo de Ministros, he hablado a menudo de ello con mi colega de Hacienda, lo diré hasta que me quede sin aliento: Europa está entrando en un callejón sin salida debido a decisiones de política económica que se asemejan a un accidente industrial excepcional en la historia económica contemporánea.
¿Se ha hecho demasiado en Europa, especialmente en Francia desde hace dos años, en materia de contracción presupuestaria?
No es mi evaluación, es el diagnóstico planteado por las instituciones financieras del mundo entero, empezando por el FMI que, en voz de su directora, Christine Lagarde, pone en guardia a los dirigentes europeos contra un exceso de consolidación presupuestaria. Paul Krugman, Premio Nobel de economía, ha declarado de nuevo el 13 de agosto: "El escenario de pesadilla en Europa no es hipotético. La noticia de la caída de la producción industrial hace temer una nueva entrada en recesión en Europa; la primera razón es la austeridad". Estas alertas son lanzadas igualmente por los dirigentes de las grandes potencias mundiales, como Barack Obama.
Pero ¿no es esto lo que hace el gobierno al que usted pertenece?
No excluyo a Francia de este examen. Por esta razón me erijo en portavoz de los numerosos actores que llaman a hacer evolucionar nuestros planteamientos políticos en la zona euro. Hoy, desgraciadamente, los halcones de la inflación, que combaten la inflación cuando estaba desapareciendo, olvidándose de combatir lo esencial, el paro masivo, están sobrerrepresentados en el Banco Central Europeo.
El BCE debe cambiar de enfoque y ponerse a hacer lo que hacen todos los bancos centrales del mundo, especialmente de los países que han sabido reanudar el crecimiento, a saber, recomprar deuda pública. Tenemos dos problemas: la política presupuestaria europea, con la acumulación de planes de austeridad en todos los países de la Unión, y la política monetaria, excesivamente encorsetada. Las lecciones de los años 30 deberían hacernos comprender que es el paro el que provoca el endurecimiento de las sociedades europeas y una escalada de la violencia.
El gobierno se ha comprometido a ahorrar 50000 millones de euros en tres años. Algunos economistas consideran que es demasiado. ¿Qué piensa usted?
Si debemos ahorrar, parte de ese ahorro debe ser reintegrado a los franceses para compensar el efecto recesivo que pudiera provocar. Por mi parte, defiendo la regla de los "tres tercios". He dirigido una propuesta en este sentido al primer ministro y al presidente de la República. Un primer tercio de este ahorro debe servir para reducir el déficit, porque estamos comprometidos con el rigor presupuestario. Un segundo tercio ya se destina al apoyo a las empresas, que es necesario mantener. El último tercio, finalmente, debe dedicarse a las familias, para estimular su poder de compra y el crecimiento. Por otra parte, sería muy bueno que todos los países europeos hiciesen lo mismo, como ha empezado a hacer ya Matteo Renzi en Italia.
Los señores Hollande y Valls no parecen compartir su punto de vista...
De momento, hago propuestas. Deseo que en el seno del gobierno y de la mayoría podamos hacerlas progresar.
Estamos lejos aún...
El descanso es siempre el momento de la revisión táctica y estratégica. El debate tendrá que progresar.
¿En Francia, el problema no es, pues, solo de oferta sino también de demanda?
El problema es doble y debemos tratar los dos al mismo tiempo. Se ha ayudado a las empresas, es urgente ayudar a los hogares. Podríamos por ejemplo, tratar de intensificar la bajada de impuestos a las clases medias y populares.
¿Qué hay que hacer con Alemania?
Hay que elevar el tono. Alemania está presa en la trampa de la austeridad que ha impuesto a toda Europa. Cuando digo Alemania, hablo de la derecha alemana que apoya a Angela Merkel. Francia no tiene vocación de alinearse con los axiomas ideológicos de la derecha alemana. Tengo que agradecer a Sigmar Gabriel, mi homólogo socialista en Economía, que empuja en el mismo sentido que nosotros.
No podemos dejarnos llevar. Si debíamos alinearnos con la ortodoxia más extremista de la derecha alemana, esto supondría que el voto de los franceses no tiene ninguna legitimidad y que las alternancias ya no cuentan. Significaría que incluso cuando los franceses votasen por la izquierda, en realidad estarían votando por la aplicación del programa de la derecha alemana. No podemos aceptarlo.
¿Es esto lo que sucede?
Es una de las razones por las que asistimos a un impulso del Frente Nacional., con el riesgo de que los franceses se alejen de Europa. Debemos aportar soluciones alternativas.
A las que mantiene el gobierno al que usted pertenece...
Por el momento, el debate está abierto, ya que la ley presupuestaria será presentada en septiembre. Este debate está basado en un diagnóstico de las dificultades prolongadas de la crisis francesa y europea. (...) La independencia de criterio se fundamenta en extraer consecuencias de ello. Estas ideas abren camino.
¿Considera usted abandonar el gobierno si no obtiene satisfacción sobre estos planteamientos?
No me sitúo en esta hipótesis. Desde hace dos años, incansablemente, mi trabajo es el de convencer. No siempre lo consigo. Pero estoy en mi puesto de combate para hacer evolucionar las políticas que merecen ser cambiadas. Las opciones políticas no son inamovibles.
¿Incluso un cambio de rumbo?
Creo que lo he expresado bastante claro. Siempre hay una alternativa.
Usted defendió la nominación de M. Valls a Matignon. ¿Tienen la misma visión de la situación política y económica?
Yo discuto mucho con Manuel Valls. Defiendo mi causa sin descanso, en el entorno de Valls y su equipo. Nuestros informes son amistosos y muy francos. Después, es él quien decide; él es el primer ministro.
Ha invitado usted a Frangy-en-Bresse (Saòne-et-Loire), el domingo, a los que se ha dado en llamar los "frondeurs" del Partido Socialista...
He invitado a todos los diputados socialistas, como todos los años. No poseo una lista actualizada de "frondeurs". Yo debato con la mayoría, toda la mayoría.
Los que plantean en el Partido Socialista cuestiones como las que plantea usted, ¿pueden ser calificados de "irresponsables", como hace el primer ministro?
En la Constitución, el Parlamento tiene la responsabilidad de controlar la acción del gobierno, y no a la inversa. . Cada uno ejerce sus responsabilidades. Los diputados asumen las suyas. El primer ministro es un republicano convencido que conoce la importancia del debate en una democracia.
¿Hay un riesgo de convulsión en la sociedad francesa?
La sociedad está exasperada. Hay que escucharla. Oírla y responder a sus demandas. Muchos parlamentarios lo sienten. Es buen momento para reaccionar.
(Les choix politiques ne sont pas figés. Entrevista de Le Monde a Arnaud Montebourg, ministro de Economía del gobierno socialista francés. Publicada el 25 de agosto de 2014. Montebourg y dos ministros más fueron cesados un día después. En España, en el editorial publicado el 27 de agosto, el diario El País calificaba a Montebourg y sus colegas como "populistas infiltrados en un partido convencional". )
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