lunes, 17 de octubre de 2011

Hambre

En memoria de León Lunst
León Lunst murió el 9 de mayo (1924). Murió en un sanatorio cerca de Hamburgo, de una enfermedad indeterminada “que se desarrolló a base de agotamiento nervioso”, según me han dicho.
   El sabía que se moría. Y murió en paz, sin sufrimientos, sin suspiros, sin quejas.
   Solo vivió veintidós o veintitrés años. Discípulo del profesor Petróf – cátedra de Literaturas neo-latinas-, fue, al licenciarse, enviado por el Claustro de profesores a España, para estudiar la literatura española. Cuando se puso en camino estaba ya enfermo, y pasó casi un año en un sanatorio. Durante este tiempo escribió el drama  La ciudad de la verdad. Luego compuso otras obras dramáticas: El mono vanidoso, Bertrán de Bonr y Fuera de la ley.
   Entre sus cuentos me gusta extraordinariamente uno titulado En el desierto, magnífica estilización de la leyenda bíblica del éxodo judío en Egipto.
   Yo tenía la convicción de que en León Lunst se hubiera desenvuelto un gran artista original – posee el ingenio indiscutible de un dramaturgo-.
   Como viva y trabaje Lunst – pensaba yo -, la escena rusa se enriquecerá con obras de que, hasta ahora, no tuvo semejante.
   Con León Lunst ha muerto un joven de extraordinarias cualidades; era genial, inteligente y, para un mozo de su edad, excepcionalmente culto. Sentíase en él una rara independencia y una imaginación fogosa. Esta cualidad no era solamente indicio de una juventud desconocedora de la vida – tal juventud no existe en la Rusia de hoy -. La independencia en él era una cualidad fundamental, natural y honesta; aquel fuego que solo se extingue cuando ha consumido al hombre enteramente.
   En el Círculo de “Los hermanos Serapiones”, León Lunst era el predilecto. Agudo, de palabra fogosa, era un camarada magnífico; sabía querer. Los difíciles años de 1919 y 1920, cuando la Rusia bloqueada – padecieron hambre, y algunos de ellos, durante días enteros, se esforzaban por yacer inmóviles para sofocar los dolores lacerantes del hambre, León Lunst fue de los que pensaron en los amigos antes que en él propio.
Es muy triste hablar de esta pérdida dolorosa, de la muerte prematura de este hombre genial.

(Prólogo de Máximo Gorki a la obra Fuera de la ley, farsa trágica en cuatro actos, de León Lunst, incluida en el volumen Teatro Revolucionario Ruso.- M. Aguilar: Madrid, 1929.- Prólogo y traducción de Cristóbal de Castro)

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