En memoria de León Lunst
León Lunst murió el 9 de mayo (1924). Murió en un sanatorio
cerca de Hamburgo, de una enfermedad indeterminada “que se desarrolló a base
de agotamiento nervioso”, según me han dicho.
El sabía que se moría. Y murió en paz, sin sufrimientos, sin
suspiros, sin quejas.
Solo vivió veintidós o veintitrés años. Discípulo del
profesor Petróf – cátedra de Literaturas neo-latinas-, fue, al licenciarse,
enviado por el Claustro de profesores a España, para estudiar la literatura
española. Cuando se puso en camino estaba ya enfermo, y pasó casi un año en un
sanatorio. Durante este tiempo escribió el drama La
ciudad de la verdad. Luego compuso otras obras dramáticas: El mono vanidoso, Bertrán de Bonr y Fuera de la
ley.
Entre sus cuentos me gusta extraordinariamente uno titulado En el desierto, magnífica estilización
de la leyenda bíblica del éxodo judío en Egipto.
Yo tenía la convicción de que en León Lunst se hubiera
desenvuelto un gran artista original – posee el ingenio indiscutible de un dramaturgo-.
Como viva y trabaje Lunst – pensaba yo -, la escena rusa se enriquecerá
con obras de que, hasta ahora, no tuvo semejante.
Con León Lunst ha muerto un joven de extraordinarias
cualidades; era genial, inteligente y, para un mozo de su edad, excepcionalmente
culto. Sentíase en él una rara independencia y una imaginación fogosa. Esta
cualidad no era solamente indicio de una juventud desconocedora de la vida –
tal juventud no existe en la
Rusia de hoy -. La independencia en él era una cualidad
fundamental, natural y honesta; aquel fuego que solo se extingue cuando ha
consumido al hombre enteramente.
En el Círculo de “Los hermanos Serapiones”, León Lunst era
el predilecto. Agudo, de palabra fogosa, era un camarada magnífico; sabía
querer. Los difíciles años de 1919 y 1920, cuando la Rusia bloqueada – padecieron
hambre, y algunos de ellos, durante días enteros, se esforzaban por yacer
inmóviles para sofocar los dolores lacerantes del hambre, León Lunst fue de los
que pensaron en los amigos antes que en él propio.
Es muy triste hablar de esta pérdida dolorosa, de la muerte
prematura de este hombre genial.
(Prólogo de Máximo Gorki a
la obra Fuera de la ley,
farsa trágica en cuatro actos, de León Lunst, incluida en el volumen Teatro
Revolucionario Ruso.- M. Aguilar: Madrid, 1929.- Prólogo y traducción de
Cristóbal de Castro)
No hay comentarios :
Publicar un comentario